martes, 30 de marzo de 2010

Esta es mi vida

Si, gaseo perros y gatos para vivir. Soy un oficial de control de animales de una ciudad muy pequeña en el cento de Carolina del Norte. Tengo treinta y tantos y he trabajado en diferentes sitios de la ciudad desde el instituto.

No hay muchos sitios donde trabajar aqui, y hacerlo para el condado da una buena paga y beneficios para una persona como yo sin estudios superiores. Soy esa persona tan horrible sobre la que todos escribis.

Soy el encargado de gasear a los perros y a los gatos y de hacerlos sufrir. Soy el que saca sus cuerpos muertos del Monoxido de Carbono y los mete en bolsas de plastico verdes. Pero tambien soy el que odia su trabajo y odia lo que tiene que hacer.

Antes que nada,, todos aquellos que me juzgais, no lo hagais. Dios me esta juzgando, y ya se que ire al infierno, si, ire al infierno, no voy a mentiros, es despreciable, frio, cruel y me siento como un asesino en serie. Pero no soy a quien debeis culpar, si la ley mandara esterilizar y neutralizar muchos de estos perros y gatos no estarian aqui para que los gasee. Soy el demonio, lo se, pero quiero que vosotros veais que "el Hombre demoniaco de la Camara de Gas" tiene otra faceta.

El centro suele gasear los Viernes por la mañana.

Los Viernes son el dia que la mayoria de gente espera con ansia, para mi es el dia que mas odio y deseo que la noche de los Jueves no termine nunca. Los Jueves por la noche, tarde, cuando no queda nadie, mi amigo y yo vamos a un fast food y compramos 50$ de hamburguesas, patatas fritas y pollo. No me permiten alimentar a los animales los Jueves porque me dijeron que podria estropear la camara de gas y total, ¿para que desperdiciar la comida?.

Asi que los Jueves por la noche, con las luces apagadas voy a la habitacion mas triste que nadie pueda imaginar y saco de sus jaulas a todos los perros sentenciados.

Nunca me han mordido y en todos los años que llevo haciendo esto los perros nunca se han peleado por la comida. Mi amigo y yo desenvolvemos cada uno una hamburguesa y un sandwich de pollo y se los damos a los delgados y hambrientos perros.

Se tragan la comida tan rapido que no creo ni que noten su sabor. Sus colas se mueven, hay algunos que no comen, simplemente se acuestan panza para arriba para que les rasquen. Empiezan a correr, a saltar, a besarnos. Vuelven a ir a por comida y de nuevo regresan a por nosotros. Todas sus miradas estan puestas en nosotros con tanta fe y esperanza, sus colas se mueven tan rapido que termino lleno de moratones en las piernas... Devoran la comida y es hora de que devoren algo de amor y paz. Mi amigo y yo nos sentamos en el suelo de cemento, lleno de suciedad y meados y dejamos que los perros salten sobre nosotros. Nos lamen y juegan con nosotros y entre ellos. Algunos se lamen entre ellos pero la mayoria estan enganchados a nosotros.

Miro a los ojos a cada perro. Les pongo un nombre.

No van a morir sin nombre.

Doy a cada perro 5 minutos de amor incondicional.

Hablo con ellos, les digo que lo siento porque al dia siguiente moriran de una forma horripilante, larga y torturados por mis manos en la camara de gas.

Algunos mueven sus cabezas para intentar entender.

Les digo que iran a un lugar mejor y les suplico que no me odien.

Les digo que se que ire al infierno, pero que ellos seguro que iran a jugar con otros perros y gatos al cielo.

Despues de unos 30 minutos cojo a cada perro individualmente y los vuelvo a poner en su jaula de cemento llena de sus excrementos y los acaricio y les rasco bajo la barbilla. Algunos me dan su patita y yo solo quiero morir. Solo quiero morir. Cierro la jaula de cada perro y les pido que me perdonen. Mientras mi amigo y yo salimos vemos como cada perro nos sonrie sin mover la cabeza. Ellos dormiran con la barriga llena y una falsa sensacion de seguridad.

Tras salir de la habitacion de los perros sentenciados mi amigo y yo vamos a la de los gatos.

Cogemos una caja y metemos a los gatos mas amistosos y a las gatas embrazadas en ella.
El centro no guarda identificaciones de los gatos, ni de los perros.

Mientras elijo uno a uno que gatos van a salir me siento como si jugara a ser dios, decidiendo quien vive y quien muere.

Metemos a los gatos en mi camioneta y los ponemos sobre unas mantas en la parte de atras.

Normalmente mientras vamos conduciendo tenemos gatos sentandose en nuestros cuellos o refregandose contra nosotros.

Mi amigo y yo nos pasamos 2 horas de viaje hasta un condado que es muy sano y usan la inyeccion para matar animales.

Vamos a los vecindarios mas lujosos y soltamos uno o dos gatos en cada uno.

Ellos no quieren irse, quieren quedarse con nosotros. Los tenemos que espantar, cosa que me hace sentir triste.

Les digo que toda esa gente rica les adoptara y en el peor de los casos si les cogieran moririan por medio de una aguja indolora mientras les cuida un veterinario. Tras liberar al ultimo gato volvemos conduciendo a nuestra ciudad.

Ahora son las 5 de la mañana, faltan 2 horas para que gasee a mis mejores amigos.

Me voy a casa, me ducho, me tomo mis 4 pastillas para la ansiedad y me voy conduciendo al trabajo. No como. No puedo comer. Es hora de poner a todos esos animales en la camara de gas. Me pongo tapones en los oidos y cuando voy a recoger los perros se excitan mucho al verme y saltan y me besan y se creen que voy a jugar con ellos.

Los pongo en una jaula con ruedas y les llevo a la camara de gas. Ellos lo saben. Se que lo saben. Pueden oler la muerte. Pueden oler el miedo. Empiezan a gemir en el mismo instante en que los pongo en la jaula. El jefe me dice que meta tantos como pueda para ahorrar gas. Lo vigila todo. Sabe que le odio, sabe que odio mi trabajo. Hago lo que me manda. Vigila hasta que todos los perros y gatos (metidos juntos) estan peleando y gritando. Los sonidos son muy tenues gracias a los tapones. Sale, enciendo el gas y salgo.

Salgo tan rapido como puedo. Entro en el baño y cojo una aguja y me pincho hasta sangrar en la mano. ¿Porque? porque el dolor hace que mi cerebro deje de pensar en lo que acabo de hacer.

40 minutos mas tarde vuelvo y recojo los cuerpos muertos de los animales. Rezo por que ninguno haya sobrevivido, suele pasar cuando lleno demasiado la camara. Los cojo con unos guantes gruesos y el olor del Monoxido de Carbono me pone enfermo. Asi como la sangre y los vomitos y los excrementos. Los saco y los meto en bolsas de plastico.

Estan en el cielo, me digo. Empiezo a limpiar el estropicio, el estropicio que VOSOTROS habeis creado por no esterilizar y neutralizar a vuestros animales. El estropicio que VOSOTROS creais por no pedir que un veterinario vaya y haga esto de una forma mas humanitaria. Vosotros SOIS LOS QUE PAGAIS IMPUESTOS, PEDID que esta practica TERMINE.

Asi que no me llameis monstruo, demonio, asesino, llamadselo a los politicos, a los directores de estos centros, a la gente del condado. Joder, llamad al governador y decidle que esto termine.

Como cada noche me tomo mis pastillas para dormir, para hacer desaparecer los gritos del pasado. Me duermo por fin y empiezo a pensar que estoy alucinando.

Esta es mi vida. No me juzgues. Creeme, ya me juzgo yo lo suficiente.

(Sacado de www.helpsaveone.org)

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