Capitulo 1: La carcel.
6 de la mañana, hora de despertar. Aunque en realidad tenemos poco que hacer aqui nos levantan bien temprano para recordarnos quien esta al mando. Me lavo, me afeito y me pongo el uniforme de preso. Si, soy un preso, me encerraron por hablar demasiado y es que en los tiempos que corren es mejor estar callado y esperar a que el tiempo haga su trabajo.
Aunque no puedo quejarme, soy uno de los privilegiados. Al fin y al cabo mi falta no fue grave y al final te acabas acostumbrado a todo. Bueno, a casi todo. Solo de pensar que cinco años atras me habrian torturado hasta matarme o habria terminado en un gulag en Siberia por el simple hecho de estar en guerra me levanta un poco el animo.
6 y media, se abren las puertas y salimos a la galeria a pasar revista, todos en silencio, ya de buena mañana hay tension en el ambiente. Todo en orden. Marchamos hacia el comedor a desayunar en fila bajo la mirada estricta de los guardias. Ah, los guardias, ellos si que tienen suerte, es quizas el unico trabajo en el que no te puede pasar nada hoy en dia.
Curioso, me ha parecido ver a un señor con traje hablando con uno de los guardias en el camino al comedor. Debe ser del gobierno, malas noticias para alguno de los presos, seguro. La vida en la carcel es monotona y cualquier novedad es comentada durante dias. Recuerdo, por ejemplo, lo que le paso a Dimitri, mi ex-compañero de celda, un buen dia vino un señor del gobierno y paso de ser un privilegiado a la peor escoria y todo porque su hija habia robado unas piezas de fruta. A veces me pregunto que habra sido de el. Maldito gobierno.
No me malinterpreteis, amo mi pais, desde los Montes Urales al frio norte, cada trocito de tierra lo siento como si fuera mio. Pero el gobierno que tenemos es harina de otro costal. La palabra libertad hace mucho que dejo de tener sentido y nadie hace nada porque los que actuan desaparecen misteriosamente de la noche a la mañana y ya nunca se vuelve a saber de ellos. Eso me paso a mi.
7 y 45 de la mañana, hora de salir al patio a estirar las piernas. Levanto la mirada y veo que han reforzado la guardia, algun pobre infeliz va a ser trasladado a un destino presumiblemente peor. Miro a los que me rodean y observo como sus caras, otrora soñolientas, se vuelven mas grises y apesadumbradas de la costumbre, saben como yo que alguno nos va a dejar.
Al rato de andar por el patio observo a un guardia que se va acercando a diferentes presos y les dice algo que no logro entender, tras lo cual se van hacia el edificio principal. Al momento veo que se me acerca y con tono serio me dice que vaya al despacho del director. No digo nada, agacho la cabeza y me dirigo hacia alli. ¿Que demonios querran de mi?.
Al llegar veo salir a uno de los reclusos con una ligera sonrisa en la cara. No se como tomarmelo, para muchos aqui la perspectiva de una muerte segura es una forma de liberacion mas. El guardia que me acompaña me dice que me siente en una de las sillas contiguas al despacho del director. Tengo el corazon a mil, no se si conseguire aguantar sin derrumbarme.
Al cabo de 10 minutos me dicen que pase. Al entrar veo al director sentado tras su enorme mesa y de pie junto a el esta el señor con traje que habia visto antes. El señor trajeado me miro de arriba a abajo mientras el director decia:
- "Sientate, queremos hacerte unas preguntas.".
Me sente sin decir nada con la vista puesta en el suelo. El director era un hombre muy seguro de si mismo y poseia una voz autoritaria que siempre me habia intimidado muchisimo.
- "Segun tu ficha no padeces ninguna enfermedad y por tu aspecto parece que la vida en prision no te esta sentando nada mal.".
Segui mudo, asenti levemente para que continuara. En ese momento se dirigio a mi el señor trajeado:
- "¿Te gustaria salir de aqui? pareces un candidato idoneo para unas pruebas que haran que este, nuestro pais, de un paso de gigante en el campo de la ciencia, camarada.".
Me quede absorto, no llegue a pronunciar palabra pero el entendio por mi gesto que salir de aqui era lo que mas queria en este mundo.
- "Bien, pues decidido queda, tan solo tendras que poner tu firma en estos papeles y mañana saldras de aqui a un lugar donde te trataremos mucho mejor.".
Garabatee mi nombre leyendo por encima el papel que me entrego, ponia algo de que aceptaba las condiciones del contrato y que desde ese momento era responsabilidad de un tal Doctor Krushev.
Me devolvieron al patio tras ello, senti como si de repente mi vida volviera a tener sentido. Senti que por fin se termino mi estancia en el infierno. Cuan equivocado estaba.
Tras las primeras opiniones que me habeis dado he corregido unos pequeños errores de contexto.
ResponderEliminarGracias a Juan y a Mac por darse cuenta :)