Quiero desnudarte sin quitarte la ropa.
Quiero poseerte sin que seas mía.
Quiero matarte sin que pierdas la vida.
Y con tu sangre limpiar mi pena.
Pero al abrir los ojos no te veo.
Al cogerte de la mano no te siento.
Al escuchar solo oigo el silencio.
Ni siquiera la soledad me hace sentir tan vacío.
Las dudas se disipan amargamente.
Las sombras se desvanecen ante mi.
La luz, esa extraña compañera, aclara mis ideas.
El fin llega, el ocaso acaece, nada queda.
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